LA FORMACIÓN DE LOS HISTORIADORES EN EL NORESTE

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Manuel Ceballos

Resumen

El noreste histórico mexicano que comprende básicamente las antiguas Provincias Internas de Oriente, es decir, los estados actuales de Nuevo León, Coahuila, Texas y Tamaulipas, ha sido considerado como objeto de estudio por numerosos historiadores. Sin duda que han sido los hechos mismos y sus actores los que han definido a la región como una unidad, incluido el espacio estadounidense que, a pesar de los decretos legales, sigue teniendo una intensa interacción con su contraparte mexicana; en concreto nos referimos al espacio de la franja del río Nueces y las áreas de San Antonio y Houston. Y esto se puede afirmar de modo enfático cuando se habla de cuestiones de historia económica, cultural o social, y no de historia política. Se trata de una auténtica e identificable “provincia social”, como lo ha aseverado frecuentemente Israel Cavazos Garza. Esto ha llevado a crear instituciones regionales: desde la instauración del obispado de Linares —en el último cuarto del siglo XVIII—, que comprendía las cuatro provincias nororientales, hasta el Museo del Noreste inaugurado en septiembre de 2007 en la ciudad de Monterrey. Por otra parte, con excepción de ésta última, y San Antonio y Houston, el noreste está constituido por un polígono de ciudades medias, con puertos marítimos y fronterizos que definen una estructura de intensa interacción e intercambio, en la que las grandes poblaciones actúan como los polos más importantes y que definen las diversas centralidades de la región.


Con respecto a los conocimientos históricos, éstos se han desarrollado teniendo en cuenta la conciencia de constituir una región derivada de las actividades económicas, del desplazamiento demográfico, de las relaciones familiares. Y también derivada del repliegue que supuso la guerra con los Estados Unidos y la reconformación de la región que, si bien en un primer momento sólo supuso la modificación política, jurídica, fiscal y geográfica, con el tiempo ha abarcado también cuestiones éticas y culturales. En todo el proceso de construcción de la identidad y de diferenciación frente a una identidad negativa, la historia ha sido uno de los elementos básicos para conceptualizar al noreste.


El noreste histórico mexicano que comprende básicamente las antiguas Provincias Internas de Oriente, es decir, los estados actuales de Nuevo León, Coahuila, Texas y Tamaulipas, ha sido considerado como objeto de estudio por numerosos historiadores. Sin duda que han sido los hechos mismos y sus actores los que han definido a la región como una unidad, incluido el espacio estadounidense que, a pesar de los decretos legales, sigue teniendo una intensa interacción con su contraparte mexicana; en concreto nos referimos al espacio de la franja del río Nueces y las áreas de San Antonio y Houston. Y esto se puede afirmar de modo enfático cuando se habla de cuestiones de historia económica, cultural o social, y no de historia política. Se trata de una auténtica e identificable “provincia social”, como lo ha aseverado frecuentemente Israel Cavazos Garza. Esto ha llevado a crear instituciones regionales: desde la instauración del obispado de Linares —en el último cuarto del siglo XVIII—, que comprendía las cuatro provincias nororientales, hasta el Museo del Noreste inaugurado en septiembre de 2007 en la ciudad de Monterrey. Por otra parte, con excepción de ésta última, y San Antonio y Houston, el noreste está constituido por un polígono de ciudades medias, con puertos marítimos y fronterizos que definen una estructura de intensa interacción e intercambio, en la que las grandes poblaciones actúan como los polos más importantes y que definen las diversas centralidades de la región.


Con respecto a los conocimientos históricos, éstos se han desarrollado teniendo en cuenta la conciencia de constituir una región derivada de las actividades económicas, del desplazamiento demográfico, de las relaciones familiares. Y también derivada del repliegue que supuso la guerra con los Estados Unidos y la reconformación de la región que, si bien en un primer momento sólo supuso la modificación política, jurídica, fiscal y geográfica, con el tiempo ha abarcado también cuestiones éticas y culturales. En todo el proceso de construcción de la identidad y de diferenciación frente a una identidad negativa, la historia ha sido uno de los elementos básicos para conceptualizar al noreste.

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Cómo citar
Ceballos, M. (2022). LA FORMACIÓN DE LOS HISTORIADORES EN EL NORESTE. HUMANITAS DIGITAL, (34), 225–232. Recuperado a partir de https://humanitas.uanl.mx/index.php/ah/article/view/1739
Sección
Historia